a la forma recién trabajada en la arena

y es ahora su fuego femenino de rosa

una sola burbuja que el sol y el mar combaten.

Ay, que nada te toque sino la sal del frío!

Que ni el amor destruya la primavera intacta.

Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,

deja que tus caderas impongan en el agua

una medida nueva de cisne o de nenúfar

y navegue tu estatua por el cristal eterno.

Soneto XII

Plena mujer, manzana carnal, luna caliente,

espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,

qué oscura claridad se abre entre tus columnas?

Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos?

Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas,

con aire ahogado y bruscas tempestades de harina:

amar es un combate de relámpagos

y dos cuerpos por una sola miel derrotados.

Beso a beso recorro tu pequeño infinito,

tus márgenes, tus ríos, tus pueblos diminutos,

y el fuego genital transformado en delicia

corre por los delgados caminos de la sangre

hasta precipitarse como un clavel nocturno,

hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra.

Soneto XIII

La luz que de tus pies sube a tu cabellera,

la turgencia que envuelve tu forma delicada,

no es de nácar marino, nunca de plata fría:

eres de pan, de pan amado por el fuego.

La harina levantó su granero contigo

y creció incrementada por la edad venturosa,

cuando los cereales duplicaron tu pecho

mi amor era el carbón trabajando en la tierra.

Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca,

pan que devoro y nace con luz cada mañana,

bienamada, bandera de las panaderías,

una lección de sangre te dio el fuego,

de la harina aprendiste a ser sagrada,



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